Vivienda + Basura + Agua
Comienzo a sentirme casi como una tesista últimamente, todo lo que pienso es en "mi tema", lo que sea que sea eso. Por el momento, sigo pensando en que quiero salvar el mundo con mi tesis (¿quién no?), y sigo pensando que mis ejes principales para este trabajo son la vivienda, la basura y el agua.
La vivienda, porque en Paraguay es un problema bastante grave la falta de vivienda de calidad para la población. El déficit habitacional del país, que es de los más altos de la región, es en un 87% cualitativo (BID, 2015). Me parece sumamente importante proponer soluciones o realizar aportes que, si bien obviamente no acabarán con el problema, por lo menos responderían a éste.
Suelo pensar que hay dos realidades que debe atender la arquitectura:
1. Los últimos avances tecnológicos a escala global. Intentar equipararse a ellos, introducirlos en el país e implementar estos nuevos conocimientos en nuestros proyectos. Sería la vanguardia arquitectónica/tecnológica/constructiva. Materiales prefabricados, inteligentes; herramientas digitales, diseño paramétrico...
No puedo ni quiero negar que es un enfoque sumamente importante para esta e incontables otras disciplinas. En nuestros tiempos, todo es una competencia constante, y gana el que está más actualizado. Y un país que no puede seguirle el ritmo a los avances, está prácticamente condenado a quedarse en último lugar, sin poder prevenir o responder a las situaciones que resultan de sus acciones.
Pero la realidad que a mí me llama más la atención es
2. El contexto local. Si nuestro país tiene problemas de pobreza y gran desigualdad social, no podemos enfocar todos nuestros estudios en la costosa y lujosa vanguardia hasta que estas tecnologías se vuelvan accesibles para todos. Debemos ser capaces de "atacar los dos frentes". Debemos considerar a esa gran porción de la población que no es capaz de siquiera acercarse a las nuevas tecnologías porque los recursos con los que cuenta solamente le alcanzan para juntar tres pedazos de cartón, ponérselos sobre las cabezas de sus hijos y rezar porque en el invierno no haga frío.
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Segundo, la basura, porque además de ser un problema a escala global, en nuestro país la conciencia ambiental... no existe. En Paraguay no hay un solo vertedero que cumpla con requisitos medioambientales y, según la Encuesta Permanente de Viviendas (2014), el servicio de recolección ni siquiera llega a todos los habitantes, por lo que el 43% de la basura termina siendo quemada sin importar el tipo de desecho (orgánico, papel, plástico), y casi un 10% se distribuye entre pozos en la tierra, cursos de agua, y otros. Obviamente estas cifras son aun mayores en zonas rurales (76% y 15% respectivamente), mientras en zonas urbanas disminuyen (22% y 7%)
Esta incineración genera graves consecuencias a la salud, como bien sabemos, que pueden variar desde reacciones alérgicas a cáncer de pulmón u obstrucción pulmonar, riesgos que son mayores para los niños, las embarazadas y los adultos mayores. Eso sin mencionar el daño que los residuos que llegan al mar causan a los ecosistemas.
Respecto a nuestros vertederos, específicamente el de Cateura alberga más de 40 millones de litros de contaminantes y metales pesados en una pileta de 120 millones de litros de lixiviado (jugo de basura). Basta con que el Río Paraguay crezca cerca de la cota máxima para que el vertedero se desborde sobre el curso de agua, lo cual ya sucedió en una ocasión, y que podría llegar a ocasionar daños ambientales inconmensurables.
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Y por último, el agua, que en este caso va también muy ligada a la vivienda. Entre el 40 y 45% del déficit habitacional se encuentra en Gran Asunción, gran parte de él en zonas ribereñas. Y lógicamente, uno de los mayores problemas en esta área es la crecida del Río Paraguay.
Si vamos a pensar en soluciones a los asentamientos urbanos en el Área Metropolitana de Asunción, debemos considerar estos sectores de ciudad para los cuales las soluciones "normales" no son apropiadas ni convenientes. Si seguimos tratando a los Bañados como a cualquier otro asentamiento de San Lorenzo o Limpio, nos vamos a encontrar con eventuales (y frecuentes) asentamientos temporales en calles y plazas cada vez que el nivel del Río Paraguay suba, ya que las viviendas que les habremos brindado a esos pobladores quedan completamente inutilizables en caso de inundación.
La solución no es brindar infraestructura " de emergencia" para que, cuando hayan perdido todas sus posesiones por culpa del agua, tengan una caja de madera terciada en donde refugiarse.
La solución no es reubicarles en un recóndito barrio de Itauguá a 8km de la ruta y a 40km del centro de Asunción, desde donde deben viajar casi 3 horas y gastar un gran porcentaje de sus ganancias diarias solamente en traslado para poder llegar a sus trabajos y "ganarse la vida".
La solución no debe hacerles elegir entre proximidad y seguridad. No debe alejarles de sus puestos de trabajo, que les permiten sostener a sus hogares. No debe ignorar que se asentaron inicialmente en los Bañados por la conveniencia, por la proximidad y la facilidad de acceder a los equipamientos urbanos y servicios de salud y transporte. Después de todo, es esta gente la que más dificultades tiene para movilizarse por la ciudad y a grandes distancias, en vista de que se manejan a pie o en transporte público (no me gustaría entrar a discutir las deficiencias que tiene este sistema).
La solución debe ser planteada luego de reconocer los motivos históricos que llevaron a estas personas a asentarse y permanecer en esos lugares, y debe responder a las condiciones físicas del medio de comprometen su calidad de vida de modo a brindar una alternativa que realmente sea apropiada y conveniente para estos pobladores.
Y si lo que compromete la seguridad y calidad de vida de estas personas es la catastrófica venida del agua hasta sus viviendas, pues planteemos un sistema o modelo que impida que el agua sea el enemigo y que comience a ser un recurso aprovechable para cada habitante ribereño.
Si vamos a pensar en soluciones a los asentamientos urbanos en el Área Metropolitana de Asunción, debemos considerar estos sectores de ciudad para los cuales las soluciones "normales" no son apropiadas ni convenientes. Si seguimos tratando a los Bañados como a cualquier otro asentamiento de San Lorenzo o Limpio, nos vamos a encontrar con eventuales (y frecuentes) asentamientos temporales en calles y plazas cada vez que el nivel del Río Paraguay suba, ya que las viviendas que les habremos brindado a esos pobladores quedan completamente inutilizables en caso de inundación.
La solución no es brindar infraestructura " de emergencia" para que, cuando hayan perdido todas sus posesiones por culpa del agua, tengan una caja de madera terciada en donde refugiarse.
La solución no es reubicarles en un recóndito barrio de Itauguá a 8km de la ruta y a 40km del centro de Asunción, desde donde deben viajar casi 3 horas y gastar un gran porcentaje de sus ganancias diarias solamente en traslado para poder llegar a sus trabajos y "ganarse la vida".
La solución no debe hacerles elegir entre proximidad y seguridad. No debe alejarles de sus puestos de trabajo, que les permiten sostener a sus hogares. No debe ignorar que se asentaron inicialmente en los Bañados por la conveniencia, por la proximidad y la facilidad de acceder a los equipamientos urbanos y servicios de salud y transporte. Después de todo, es esta gente la que más dificultades tiene para movilizarse por la ciudad y a grandes distancias, en vista de que se manejan a pie o en transporte público (no me gustaría entrar a discutir las deficiencias que tiene este sistema).
La solución debe ser planteada luego de reconocer los motivos históricos que llevaron a estas personas a asentarse y permanecer en esos lugares, y debe responder a las condiciones físicas del medio de comprometen su calidad de vida de modo a brindar una alternativa que realmente sea apropiada y conveniente para estos pobladores.
Y si lo que compromete la seguridad y calidad de vida de estas personas es la catastrófica venida del agua hasta sus viviendas, pues planteemos un sistema o modelo que impida que el agua sea el enemigo y que comience a ser un recurso aprovechable para cada habitante ribereño.



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